Si No Somos Estúpidos. ¿Por Qué Nos Cuesta Dejar De Tropezar Con La Misma Piedra?

  imagen by Miles Jhonston Somos los únicos en este planeta que tropezamos dos veces o más con la misma piedra. Si un alien nos viera se pr...

 

imagen by Miles Jhonston

Somos los únicos en este planeta que tropezamos dos veces o más con la misma piedra. Si un alien nos viera se preguntaría si es que nos cuesta aprender o nos gusta el sufrimiento. Nosotros mismos cuando vemos a alguien atrapado en un bucle de tropezar con la misma piedra “ad infinitum” llegamos a pensar con facilidad que “en el fondo le gusta” o “quizá se lo merece”. En el fondo todos sabemos que no es así. ¿Pero por qué nos pasa? 

 

Mery es una joven inteligente, bastante guapa y toda una profesional en meter la pata. Íbamos juntos al cole en primaria. Recuerdo que en esa época tuvo un accidente de coche. Tras una visita al médico de la familia, ella y su madre habían llegado a casa antes de lo previsto. Mery entro corriendo, pues quería ver su programa favorito en la TV. Pero al llegar al salón de estar se quedó paralizada. Su madre notó el silencio súbito en la niña y se dirigió rápidamente al salón donde encontró a su marido teniendo relaciones sexuales con otro hombre. 

 

La madre de Mery la tomo en brazos y corrió al coche, puso las llaves en la ranura y las giro, pisó el acelerador y se fue a toda velocidad sin saber muy bien a donde dirigirse. No importaba donde. Solo huir de aquella imagen que habían presenciado.

 

No llegaron muy lejos. Al salir del barrio un camión las embistió. La madre de Mery se había saltado todos los semáforos en su frenética conducción. El coche quedó destrozado y ambas atrapadas dentro de él hasta que llegaron los bomberos unos veinte minutos después y pudieron sacarlas con vida del coche. Las dos sobrevivieron con algunos rasguños y chichones. 

 

Mery faltó al cole un par de semanas; estuvo terapia psicológica por un tiempo. Sus padres se separaron. Y unos meses más tarde había vuelto a ser la misma niña alegre de antes. O al menos lo parecía. 

 

En la segundaria Mery siguió siendo buena estudiante; Pero algo empezó a ir mal. Seré breve. No terminó la segundaría y acabo enredada en asuntos de drogas y prostitución. 

 

Por qué? Acaso fue culpable haber visto a su padre “dándose el lote” con un chavalote? ¿Dios la odiaba y le quiso dar una lección desde pequeña? ¿La terapia no le sirvió de nada y por eso su vida se convirtió en sexo, drogas y rock n roll? 

 

A los veintiún años la joven había tocado fondo y sus abuelos maternos la habían internado en un centro de rehabilitación. Mery pudo reconstruir su vida. Acabó la segundaria, consiguió un empleo de administrativa y se matriculó en la universidad para estudiar sociología. La vida le estaba sonrriendo de nuevo. 

 

Volveré a ser breve. De nuevo prostitución, drogas aún más duras y además, una pareja que la maltrataba. Era habitual verle con los ojos morados e hinchados en aquellos días; Pero esta vez Mery fue consciente del error que estaba cometiendo y se internó por voluntad propia en un centro de rehabilitación. 

 

No puedo contar el estado actual de Mery. Seguimos siendo amigos y solo tengo permiso para contar su historia hasta aquí. Pero... ¿Por qué recayó? 

 

Si de verdad te interesa saber la razón oculta de dicho comportamiento, sigue leyendo; Si no, déjalo aquí. Pero la próxima vez que te encuentres con alguien a quien le está costando superar algo que a ti no, no le juzgues. Vuelve aquí para terminar de leer el post y comprender mejor el asunto. 

 

Cuando estamos en peligro nuestro cerebro responde de tres posibles maneras: 

 

  1. Pensando y actuando (CPM Córtex Prefrontal Medial). Es cuando pedimos ayuda.

  2. Nos preparamos para huir o pelear (CL Cerebro Límbico). Nos aceleramos, apretamos los puños, se nos para la respiración, atención máxima.

  3. Nos paralizamos y desconectamos (CR cerebro reptil). Nos quedamos en blanco, las emociones y las sensaciones desaparecen.

     

El cerebro activa uno de estos tres sistemas de emergencia dependiendo de la intensidad del peligro. 

 

  • Cuando Mery le dijo a su madre que le dolía la barriga y fueron al médico. El cerebro de Mery uso el primer sistema de defensa ante el peligro (CPM).

  • Cuando la madre de Mery salió corriendo de casa con la pequeña, y huyó en el coche. Su cerebro había activado el segundo sistema de defensa (CL) "Fight or flight".

  • Cuando ambas tuvieron el accidente de coche y quedaron atrapadas hasta que llegaron los bomberos. Sus cerebros pusieron en marcha el tercer sistema de defensa (CR). Quedaron en shock y desconectaron. 

     

Al llegar los bomberos al lugar de accidente, estos pensaron que ambas habían fallecido. No oyeron ninguna voz pidiendo ayuda o llorando. Se sorprendieron al verlas con vida. Pero apenas pestañeaban y su respiración era muy superficial. 

 

El no poder huir de un peligro inminente o estar completamente indefenso hace que nuestro cerebro active el tercer sistema de protección y apaga los otros dos para protegernos del impacto emocional y de la angustia desbordante del momento. Intenta evitar que “Perdamos la cabeza”. Por eso la persona no siente y no piensa bajo ese estado. 

 

“Si entras en una tienda de mascotas notarás que los cachorros de perros piden ayuda moviéndose nerviosos, ladrando o aullando (CL Segundo sistema); En cambio, los lagartos y las culebras están congelados en una esquina de la jaula. No se mueven y apenas respiran. Están petrificados. (CR tercer sistema de defensa)”. Explica Bessel Van der Kolk en su maravilloso libro «El cuerpo lleva la cuenta». 

 

Esta desconexión entre las sensaciones del cuerpo y la mente es la clave.

 

El cerebro de Mery aprendió que para sobrevivir al peligro y seguir con vida tenía que «bajar el volumen o apagar» las emociones y las sensaciones de los cinco sentidos que el cuerpo envía constantemente al cerebro para que este analice dicha información. Y si detecta algún peligro (una mirada maliciosa, un golpe, un desconocido corriendo hacia nosotros de manera inesperada) active alguno de los sistemas de defensa. En otras palabras, Mery se quedó sin un firewall interno que le pudiera avisar de forma efectiva cuando se estaba metiendo en problemas. 

 

Las corazonadas, los pelos de gallina en el brazo, la sensación de incomodidad en el cuerpo, entre otras. Son las señales inconscientes de peligro que nuestro cerebro nos envía para que salgamos cuanto antes de ese sitio chungo. Para que despachemos inmediatamente a ese estafador que intenta vendernos Bitcoin por Instagram. O para reconocer cuando alguien solo nos está diciendo lo que queremos oír en temas del amor. 

 

Todas estas señales de peligro estaban apagas dentro del cerebro de Mery desde el día del accidente; No podía percibir el peligro de manera sutil como lo percibimos nosotros. Cuando apenas es una posibilidad. 

 

Al igual que ella, todas las personas que se ven atrapadas en relaciones de violencia una vez tras otra. Ese amigo al que le cuesta enderezar su vida. Ese cantante famoso, ahora en la ruina y con problemas de adicciones. Todos ellos, lejos de ser estúpidos masoquistas faltos de voluntad. Hacen incontables esfuerzos para reconstruir sus vidas y muchos lo logran. Solo para volver a caer y destruirlo todo de nuevo.

 

A todos nos puede traumatizar cualquier cosa. Desde encontrarnos en la calle con un perro agresivo, caernos de la bici, un robo, el fallecimiento de un amigo o un familiar. Cualquier cosa en cualquier momento. Y si nuestro cerebro responde activando el tercer sistema de defensa, es muy probable que se produzcan efectos cerebrales similares a los que vivió Mery. 

 

No todo está perdido. Hay una manera de volver a reactivar el firewall interno, el sistema de detección de peligros. Yoga, Meditación y actividades grupales en las que es necesario estar sincronizado con los demás.


You Might Also Like

0 comentarios