Adultos Programados Para Fracasar. ¿Cómo Saberlo Y Qué Podemos Hacer?

  Las dificultades de la vida adulta comenzaron justo al nacer Hay una palabra que rige la mayoría de las vidas humanas hoy en el mundo. ÉX...


 Las dificultades de la vida adulta comenzaron justo al nacer


Hay una palabra que rige la mayoría de las vidas humanas hoy en el mundo. ÉXITO. Son muchos los factores que influyen para que lo logremos. Pero hay uno de gran importancia oculto bajo todos los demás. Tanto, que pasa desapercibido para casi todos nosotros.

En todos los países. En todas las clases sociales. Y en todos los niveles económicos hay personas que logran el éxito en sus proyectos; Y otras cuyo esfuerzo y empeño solo les conduce al fracaso, sin importar cuanta educación tengan.


¿Por qué? ¿Por qué personas con talento, inteligencia, preparación, y carisma no logran triunfar?


-¿Por qué no logro triunfar en la vida?-


La respuesta no está en hacer más workshops, un nuevo máster u otro taller de alineamiento de chakras; Está mucho más lejos en el tiempo y dentro de nosotros.


3:33 AM.

Edward acaba de nacer tras un largo parto de diez horas. Los médicos lo limpian y examinan para confirmar que ha nacido bien. Todo parece estar en orden y es llevado hacia el primer gran momento en la vida de todo ser humano. El reencuentro con Mamá. Cuando Karen lo sostuvo en sus brazos por primera vez tras el parto, no podía dejar de llorar. Emociones demasiado fuertes e intensas se apoderaban de ella. Pero no era felicidad lo que estaba sintiendo; Sino un terrible miedo, angustia y desesperación.


48 horas más tarde, madre e hijo salieron del hospital. La madre de Karen los recogió en su coche y juntos se marcharon a casa.


¿El padre de Edward? Bueno, digamos que no quiso formar parte de esta historia.


Mientras iban en el coche, el pequeño Edward dormía tranquilo y seguro en el regazo de su madre. Ella, en cambio, tenía la mirada perdida en el firmamento y ocasionalmente miraba como los otros coches les adelantaban por la autopista. Esa fue la última vez que Edward sintió el abrazo de su madre.


Karen huyó de casa esa misma tarde mientras su madre preparaba la cena y el pequeño Edward dormía. En su cerebro adolescente, ella aún tenía claro que debía terminar la secundaría e ir a la universidad. “Ser madre lo estropearía todo.”


Edward creció con su abuela. No fue fácil, pero sí toda una aventura para ambos. Ella no podía dejar su empleo como modista para cuidarlo y él necesitaba alguien que lo ayudara a crecer. Así que mientras ella se concentraba hora tras hora en la máquina de coser. Edward estaba en el suelo dentro una pequeña caja de cartón acondicionada con una manta y un peluche. Justo al lado de su abuela, donde ella podía echarle un vistazo rápido entre costura y costura. 


En los descansos, la abuela lo cargaba, le cambiaba el pañal y jugaba un poco con él. Fumaba un ciga-rro rápido, y volvía a concentrarse en su labor.


Si Edward lloraba por qué tenía hambre, sentía miedo o quería jugar con alguien, no importaba. Su llan-to se perdía en medio del ensordecedor ruido de las máquinas cosiendo a pleno rendimiento. Y la única persona que podía hacer algo, solo tenía unos pocos minutos entre descanso y descanso para dedicarle.


No obstante, en esos pocos minutos, cuando su abuela lo cargaba. Los ojos del bebé se iluminaban lle-nos de vida y deseoso de conexión. Aquellos breves instantes eran el paraíso para él. Disfrutaba de una abuela cariñosa que lo achuchaba.


Pero duraban poco. Sin darse cuenta, volvía a estar dentro de aquella caja de cartón en el suelo. Ignorado y semi-abandonado. Pidiendo una atención y un cariño que rara vez llegaba. En su llanto, primero se percibía el miedo, luego dolor y después una profunda rabia. Al final, cuando ya no le quedaban más fuerzas, se quedaba dormido. En cuanto se despertaba el ciclo volvía a comenzar.


Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. Nadie supo cuando o cómo ocurrió. Pero un día Edward dejo de llorar. Ya no se alegraba tanto cuando la abuela lo cogía en los descansos. Pare-cía que "se las arreglaba bien solo". En cuanto empezó a caminar, también aprendió rápidamente cómo escapar de aquella cárcel de cartón.


Las travesuras que cometió en el taller no fueron pocas. Motivo por el que despidieron a la abuela. El negocio ahora se trasladaba a casa, donde la abuela podía dedicarle un poco más de tiempo. Pero ya era demasiado tarde. Con solo dos años y medio de vida. Edward había aprendido muy bien tres cosas.


  1. "En el momento más vulnerable de mi vida y cuando más lo necesitaba. Nadie vino a ayudarme. A salvarme. Por lo tanto, no puedo confiar en nadie. Y nadie merece mi amor".

  2. "No confió en mí mismo por qué no fui capaz de hacer nada para cambiar mi situación. No pude manipular mi entorno en el momento que era más vulnerable. Lo único que podía hacer (llorar para llamar la atención), no sirvió para nada".

  3. "He sobrevivido a la angustia, al miedo, a mi máxima vulnerabilidad. Por lo tanto, estoy por encima del dolor". Esta última es la más delicada. La que puede transformar un niño en psicópata. Pero eso es tema de otro post.


Estas tres cosas quedaron profundamente grabadas en el Cerebro Límbico de Edward. Ello significa que dicha información no se recuerda con imágenes y sonidos (no se recuerda el hecho en sí mismo); Pero si todo lo que sintió en esos momentos: desconfianza, dolor, rabia, desesperanza, soledad y abandono.


Dichas sensaciones son el mapa emocional que dirigieron y guiaron la vida adulta de Edward. ¿Puedes visualizar a Edward como un emprendedor exitoso, teniendo este background emocional?


Pero yo no fui abandonado. Ni crecí dentro de una caja de cartón. ¿En qué me afecta y qué tiene que ver con mi éxito?



El ciclo de vinculación 2.184 v/a


Desde el mismo instante que nace un bebé (incluso antes). Su cerebro comienza a aprender e integrar información sobre el entorno. Pocas horas después de haber nacido ya son capaces de reconocer y sentir a sus madres. Se descubrió que a la edad de un año el cerebro de los bebés ya ha aprendido el 50% de todas las cosas que aprenderá en su vida. Cuando tienen dos años han aprendido otro 25% más. Y con tres años ya han aprendido al rededor del 87% de todo lo que aprenderán en su vida.


¿Te cuesta creerlo?, ¿parece mucho? Bueno, cuando naciste no sabías ver, no sabías respirar, ni sabías gestionar tu sistema digestivo, guardar el equilibrio, interpretar los ruidos y convertirlos en sonidos, no sabías diferenciar a Mamá de Papá, no sabías coger cosas con las manos, y una larga lista de cosas que quedaron grabadas, aprendidas y automatizadas en tu sistema nervioso central (tu software interno).


Aquí viene lo importante. Aproximadamente cada cuatro horas los bebés se despiertan cabreados y empiezan a llorar por algo que les molesta. ¿Hambre?, ¿frío?, ¿miedo?, ¿dolor? Al principio ni los padres lo saben. Pero lo prueban todo hasta lograr calmar al bebé. Cuándo los padres calman al bebé cada vez que el ciclo se repite. Este descubre la confianza.



 

Así es como todos aprendimos (o no) a confiar cuando éramos bebés. Dicha confianza se divide en tres ramas:


A- Confianza en sí mismo: El bebé sabe que si llora, alguien vendrá a atenderlo o ayudarlo. Tiene el poder de hacer algo para cambiar su situación y mejorarla. ¡Y funciona!


B- Confianza en los demás: El bebé sabe que si tiene un problema y pide ayuda. Sin lugar a duda, alguien vendrá para ayudarlo.


C- Confianza en la humanidad, en la vida: El bebé entiende y siente que el mundo es un lugar seguro donde crecer y explorar.


Cuando Edward cumplió su primer año de vida, había repetido este proceso 2.184 veces. Dos mil ciento ochenta y cuatro oportunidades para que su cerebro descubriera la confianza y la integrara en su recién iniciada vida. Cuando tenía dos años y medio, y comenzó a escaparse de la cárcel de cartón. Había repetido el ciclo de vinculación con su cuidador principal 5.460 veces. Suficientes para que su cerebro aprendiera muy bien si podía o no confiar en sí mismo, en los demás y en el mundo.


La pregunta importante: ¿Podemos lograr el éxito sin haber aprendido a confiar en nosotros mismos, los demás y la humanidad? Me refiero a lo que tú consideres "éxito en la vida".


No, no se puede. Pero puedes autoengañarte y convencerte de lo contrario.


Si tienes problemas para ser exitoso en lo que sea que estés intentando progresar, a pesar de tener lo necesario para conseguirlo. Probablemente, esta sea la razón.


No hace falta que nos arrojen a un orfanato para que el ciclo de vinculación y el descubrimiento de la confianza se vea perturbado o roto en el peor de los casos. Un dolor de barriga u oído en el bebé/niño no detectado y solucionado por los padres pudo haber distorsionado el proceso. O, si eres de los que dejaban llorar solos por la noche en su cama hasta quedarse dormidos "porque los niños tienen que aprender a dormir solos". O el clásico "déjale llorar hasta que se calme". Son indicadores claros que apuntan a una posible distorsión en el proceso de vinculación y apego emocional.


Edward no consiguió interiorizar la confianza. Su vida adulta no fue fácil. Su mapa emocional para ex-perimentar la vida tenía cuatro puntos cardinales: Rabia, Inseguridad, dolor y soledad. Pero lo compen-só formando una personalidad totalmente opuesta. Era el alma de las fiestas, el chaval inteligente, popu-lar y seguro de sí mismo.; Sin embargo, en su cerebro límbico, en su ser más profundo. Las sensaciones y emociones que lo movían eran las mismas que sintió en aquellos lejanos días dentro de la caja de cartón.


Nuestro cerebro Límbico no piensa ni razona. Siente. Por esto no podemos modificar nuestra programación subconsciente a través de la consciencia y el entendimiento. Este es el primer paso, pero no el último. Se requiere sensación, emoción y movimiento para lograrlo.


El yoga es la práctica más efectiva para reprogramarnos. Le habla a nuestro cerebro límbico en su propio lenguaje.


Los hijos también enseñan a los padres con problemas de apego, lo que es el amor incondicional y la confianza. Dependen al 100% de ellos. Experimentan la situación desde la otra cara de la moneda. Pero también puede salir terriblemente mal. Creando un niño aún más traumatizado que los padres.


Si tienes oportunidad de viajar y pasar una temporada en un país en el extranjero, donde no hablen tu idioma. Es de gran ayuda, y cambiará tu vida para siempre. Descubrirás la confianza en ti mismo, en los demás y en la humanidad, abrazando la incertidumbre.


¿Listo para alcanzar el éxito?


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